Hay días, como hoy, en que las cosas no salen como uno quiere.
Hoy, me dedique a recorrer Santiago en busca de un oftalmólogo que me atendiera inmediatamente. Es que como el Lalo me pisó los lentes hace dos semanas en circo y se rompieron, necesito una receta para mandarme a hacer unos nuevo. Pero ayer me di cuenta que los necesito urgente, porque en una semana me voy a Antofa por pega y no se pueden romper por allá, sería fatal.
Como soy perdida y nunca entiendo bien las indicaciones de las direcciones que me dan, me di vueltas en círculos antes de llegar a donde debía. Y ya me tenía que paseaer por todos lados porque en ninguna parte encontraba hora.
La cosa es que cuando finalmente llegué al lugar y estaba lista para comprar el bono, sólo ahí caché que no andaba con la tarjeta, así que no podía pagar. Y tanta vuelta, tanto caminar apuradita -que me dejó doliendo las piernas- fue en vano, porque tuve que perder la hora que tanto me había costado conseguir.
Obvio que había salido con plata. El problema es que como ya no soy carga de mi vieja, porque esa etiqueta expiró, ya no tengo FONASA, ni ninguna cuestión. Y el bono particular es harto caro, casi me pongo a llorar cuando me dijo cuanto costaba.
Entonces, cuando vi mi mañana perdida, cuando vi que iba a llegar tarde a la pega por las puras, como que me deprimí. Y en esas cosas de mina depre, me dio un atracón de McFlurry. Menos mal que no soy de las culposas después de chanchear.
Hoy es un día de mierda.
No solo porque anduve perdiendo tiempo. Sino también porque anduve tristona todo el rato. Me carga la nostalgia-melancolía.
Eso sí, a mi positivismo empedernido nada le gana. Y casi como con el consuelo de los católicos, pero sin dios: "El universo no quiso que las cosas resultaran hoy", "Todo pasa para mejor", etc., etc.
Pero mañana será otro día, que he estado mentalizando para que todo salga como quiero. Y así será porque así lo quiero.
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