viernes, 22 de junio de 2012

Un desastre


Por donde lo mire, con optimismo y aún así, en todo sentido un desastre.
Es cierto que no tengo los pies bien puestos en la tierra. Yo le echo la culpa a Mazapán y la Cuncuna Amarilla, que me hacían cantar hasta el cansancio en el jardín cuando era chica. Porque igualito que la cuncuna yo quiero volar como los pajaritos del árbol afuera de mi ventana –la que invierto tiempo considerable mirando a diario- “¡¿Por qué no seré como ellos?! Preguntaba mirando a los cielos”, es como si estuviese describiendo mi imagen.
Pero tampoco es como que sea tan extremadamente malo andar pajaroneándo ¿no? O sea, muchas veces pasar casi rozando nada más el suelo resulta ser una gran ventaja en esta vida. O al menos a mi me parece así. Porque cuando el estrés se está comiendo vivos a los que me rodean y me mira con cara de antojo, yo le devuelvo la mirada y me empiezo a elevar, y a ese monstruo horroroso no le queda otra que quedarse con las ganas. Sí, tal cual vivo mi vida. “Ligerita” como le gusta decir a la Magali.
El problema es cuando tanta ligereza me hace olvidar hasta el día de la semana que es. O peor, me hace no tener idea pa´dónde va la micro. Y no es que yo no trate de darme un tiempo -porque me lo doy- para hacer una mirada introspectiva a ver si encuentro alguna pista. Es más bien que cuando miro adentro lo único que veo es una maraña indescifrable. Un atado de emociones mezcaldas, un nudo de anhelos, un soberano enredo.
Y es raro, porque cuando era más chica me parecía que tenía todo tan claro. Sabía lo que quería y cómo lo quería. Eso no es normal ¿cierto? ¿Que una adolescente tenga las cosas más claras que una adulta? ¿Perderse en el camino mientras estás andando? No, a mí no me hace sentido.
Pero así como desastroza, también tengo fe. Fe en que en algun momento la confusión se va a disipar. Fe en mi, en que voy a ser capaz de vencer mis miedos y hacer algo con mi vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario