Tu carta me dio vuelta. Ya me había acostumbrado a no saber nada, a recordarte de vez en cuando y simplemente cerrar los ojos y enviarte amor y buena onda, luz y pensamientos positivos.
No hacían falta las disculpas, de todos modos se agradecen.
Justo me había acordado de ti hace poco, buscando cosas me encontré con un cuaderno añejo donde había escrito sobre ti, sobre nosotros. No creo en las coincidencias. Creo en las estrellas, en el cosmos, en el universo, en la magia, en la vida.
Pero no he cambiado nada al parecer. Tu carta me devolvió al pasado. Me puse a leer mi blog y encontré un comentario que no había visto. Un anónimo por supuesto, una más bien.
Y no sé si será verdad, no sé si entendí bien. Es que soy de las más estúpidas a veces y no me arrepiento ni avergüenzo ni un poquito, me siento prácticamente orgullosa de serlo, de seguir confiando, de sostener hasta el último mi inocencia, mi ingenuidad -o lo que va quedando.
Me dio la impresión de que tienes un hijo -o hija, no sé por qué pensé en un niñito- y casi se me cae el culo. Se me apretó la guata. Me dio pena. Me llené de dudas. Me dio la impresión de que la última vez que nos vimos ya sabías que ibas a ser papá. Y entendí. Entendí porque el ataque de histeria de hace tanto tiempo atrás. Si es que eso fuera cierto, serían casi lógicas todas tus reacciones de hace 2 años.
Pero no entendí por qué no me contaste, por qué no me dijiste. ¿Por qué?
Sí, es cierto que yo estaba loca y confundida. Bueno y es que no lo estaba, lo soy. Pero nadie puede decir que no soy comprensiva o que no se escuchar sin juzgar. Deberías haberlo sabido. Nos conocíamos se suponía.
Me dolió, me dio pena que no me hubieses dicho. Yo te lo dije o lo escribí, pero lo sabías. Yo quería y aún quiero ser la tía de tus hijos y que tú lo seas de los míos -si es que alguna vez llego a tener-, que nos juntemos en un parque a jugar, ir a los cumpleaños, sacarlos a pasear...
Y ahora, que ya soy capaz de escribir, que pasó el primer impacto y que estoy a punto de irme a dormir, ya no solo cierro los ojos y te envío luz, magia y amor a ti, también a tu hijo.
Te amo, que bueno que seas feliz -sí, lo asumí.
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
ResponderEliminar