lunes, 8 de julio de 2013

Me cuesta

A veces me siento culpable por no sentirme feliz. Culpable por sonar malagradecida. Y es que no lo soy. Porque estoy infinitamente agradecida de lo que me ha tocado en la vida, de la tremenda familia que tengo, de las personas que el universo ha puesto en mi camino, de las amigas lindas lindas, hasta el infinito. Agradezco con el corazón que el universo haya sido siempre tan amable conmigo, que me haya regalado una vida fácil -por así decirlo- y llena de alegrías. Pero hace un tiempo que me cuesta ser feliz, que me siento hundir, ahogar. Me siento perdida en un sin sentido.
Quizás sea la falta de gozo con mi trabajo. Es que es cierto que me gusta disfrutar y con lo que estoy haciendo no lo hago. Y me paseo por internet y me atacan las miles de quotes "haz lo que quieres, quiere lo que haces", "if you don't like something, change it. if you don't like your job, quit...", "be what you want to be" y en mi cabeza loca, en mi corazón apasionado y en mi guata arrebatada se agitan los ánimos. Y los enredos, nudos apretados que no logro desarmar. Me dan ganas de mandarlo todo a la mierda y desaparecer, pero no encuentro el corage suficiente y me da rabia, rabia enorme conmigo misma.
Y me acuerdo cuando era chica (no tan chica) y que fue entonces que me empecé a sentir fuera de lugar, fuera de tiempo, desfasada. Y me da pena pensar que han pasado como 10 años y me sigo sintinedo así ¿será que acaso algún día ya no lo sentiré? Es imposible no cuestionarme si no tengo algo malo o que sé yo. Soy de esas a las que les gusta amar, y hoy por hoy odio los lunes, odio los martes y los miércoles y jueves y viernes y domingos también. Sólo el sábado se salva, sólo el sábado me olvido del mundo y vuelo, con el cuerpo adolorido y moretiado vuelo, olvido, respiro y río, los sábados mi corazoncito retoma colores y bombea más fuerte, con ganas. Pero el resto de los días se seca y resquebraja a cada hora. Siento como si mis colores los tuviese atrapados en un frasco gris. Me siento atrapada como en un pozo de arena movediza, hundiéndome cada vez más, tanto que ya hasta me cuesta respirar. Y este sentimiento de mierda me carcome.
Por lo general me bastaba con reírme a carcajadas varias veces en el día para apaciguar(me), pero ya no. Y es cierto también que ultimamente ya no me río tanto, ni tan fuerte. Es cómo si me faltara un pedazo, hay un vacío o algo así. Una urgencia de correr, de gritar, de amar, en cambio tener que guardárselo todo y pretender. Me da pena que la vida se me haga insufrible, que deteste despertar, moverme sin ganas, estar esperando que algo pase para no salir. Pareciera que mis niños debieran ser suficientes, pero no lo son. Ni una pizca de motivación. Y por eso empezar a cuestionármelo todo, porque pareciera que lo que creía se desvaneció, que lo que me gustaba se fue, que lo que era se acabó. Así que ya no sé más ni quien soy - ni mucho menos pa'onde voy-.
Tanta desición que iba a tomar y no pasó nada, no hice nada. Mañana, quizás mañana...



No hay comentarios:

Publicar un comentario