jueves, 8 de mayo de 2025

Duelo. Doler. Morir. Vivir

El último en morir fue mi abuelo, el 8 de junio del 2022. Viejo duro pal concurso.

Recién ahora, a 3 años, logro poco a poco poner en palabras tanta cosa.

No me di tanto cuenta entonces –más bien no me permití darme cuenta por completo- pero mientras acompañaba muertes, también yo me morí un poquito. Nunca me había disociado tanto antes, sobrevivencia creo que fue. Pa poder aguantar, apagué lo más que pude el caudal de emociones y sin querer apagué también un poco más. El fueguito en medio del pecho casi se me extingue, apenas una brasita, apenas.

Es difícil explicar cuando pa fuera no te ves hecha pico. No es que haya querido mentir –y no creo haberlo hecho. Ahora creo que era esa brasita apenas encendida aferrándose al fulgor, aferrándose al calor. Era yo queriendo cesar la existecia aferrándome a la vida al mismo tiempo.

Hoy entiendo que me agoté. Me agoté el cuerpo, me agoté la mente y, por sobre todo, me agoté los sentimientos. Tenía el corazón cansado, profundamente cansado.

Estuve en pausa, o al menos así lo sentí, aún dormida, aún exhausta, todo el año siguiente. Quería tanto volver a salir, volver a webear, volver a ese recuerdo de mí antes de la muerte. Pero no podía, no me daba la energía. Entonces no supe entender que seguía tan cansada aún. Es que pasaban meses y pasaban meses y hasta mi mismo cansancio ya me tenía harta. Es cansador tener pena tan profunda, es cansador vivir sin el fueguito vivo.

Pasó más tiempo y sin sentirme lista aún me obligué a salir de la casa, me busqué una pega cualquiera, algo que me sacara de la cabeza rumiando. Seguía tan inmensamente cansada. Pero al menos por un rato salía de mí.

De a poco y sin darme cuenta el cansancio empezó a pasar. Encontré otra pega, una no tan cualquiera esta vez. Volví al aula, aunque de a poco, como asistente. Quizás fueron les peques que me ayudaron, sin que ni elles ni yo nos diéramos cuenta, a que el cansancio se siguiera desvaneciendo. Y cuando se presentó la oportunidad volví a ser educadora, después de tantísimo tiempo. Dije que sí con bastantes aprensiones, alguna vez hace años que parecen vidas dije que no quería volver. Pero el tiempo engañoso más mi mala memoria desdibujaron los límites y las razones.

No pasaron ni dos segundos y ya quería salir corriendo. Volvió el agotamiento. Y aunque esta vez por razones tremendamente distintas, en el cuerpo se sintió igual –dicen que así funciona el trauma.

Me demoré dos meses de darle vueltas y más vueltas, en solitario. De fantasear con no estar más ahí, de imaginar realidades distintas, de volar lejos y abrir los ojos y seguir ahí. Me enojé, me enojó el cansancio otra vez, me enojó la pega que se acumulaba y acumulaba y la única forma de sacarla era en el tiempo libre –que si se ocupa en trabajar pues ya no es libre, solo no pagado. Y nuevamente sentí mi fueguito achicarse, calentar menos. Pero el puto sistema de mercado machacando fuerte y al mismo tiempo no poder responder de que sirve tener más lucas si no tengo tiempo pa ocuparlas… Me agobié. Y aunque por un momento me pareció impulsivo, en retrospectiva veo que no lo fue. Renuncié.

Renuncié con miedo de no tener plan b –ni a, ni c, ni z. Renuncié con miedo de decepcionar a mi vieja. Renuncié con miedo de fallar. Renuncié con tantos miedos.

Renuncié, también, con la certeza en el cuerpo de que fue la decisión correcta. No me tiritó más el ojo, se me pasó la guata mala y solté el puño al dormir. Renuncié con el sueño artístico. Renuncié con ganas de intentarlo, aunque todo pueda salir mal, porque y qué si sale bien.

Muchas veces me han dicho que soy tan valiente. Hoy sí me siento valiente. Porque con miedo, estoy dispuesta a intentarlo.

Y al fueguito en medio del pecho lo siento hacerse fuerte, lo siento sacar chispas, lo siento revivir.

Porque una vez quise desaparecer y no quiero volver a sentirme así.

Entendí entonces que renunciar no era lo mismo que rendirse, sino todo lo contrario. Que no era necesario seguir aferrándome a lo que alguna vez sí fue mi vocación, porque la vida cambia y lo que decidí a los 18 no era una sentencia irrevocable. Sí, alguna vez la educación fue mi vocación. No, ya no lo es más. Hoy –más bien desde hace un buen rato- quiero explorar otras vetas, otras facetas. Y darme la oportunidad de tomarme en serio lo que pareciera un sueño o un sin sentido. Y creerme que en cualquier momento se puede empezar.

Encuentro un poco irónico que se acerque el invierno y yo al fin me comienzo a sentir en primavera.




domingo, 27 de diciembre de 2020

Fracasada




Siempre he escuchado que compararse con otres es una práctica inútil y dañina. Y lo es, pero cómo se hace para no hacerlo, aún no logro descifrar el truco.
Se suponía que para esta altura ya iba a tener mi vida resuelta, se suponía que ya no iban a existir las inseguridades adolescentes, se suponía que con la adultez llegaba claridad. Que alguien me diga dónde está el libro de reclamos por favor, porque francamente me siento estafada.





Cada cierto tiempo me lo cuestiono todo, hasta los suspiros que doy o que me guardo. No ha sido fácil la vida. Ha sido hermosa, pero nada fácil y eso que yo soy de las afortunadas, de las privilegiadas que no han tenido que pelear con uñas y dientes por sobrevivir. Lo cierto es que, con fortuna y privilegios incluidos, no he logrado dejar de estar perdida, y claro que a ratos me encuentro y se me abren los ojos sorprendida, se me acelera el corazón, me hiperventilo un poco, hasta que antes de darme cuenta ya estoy perdida otra vez... 


Hace años, en la bendición que ha sido la payasería, logre aceptar que quizás, simplemente, soy perdida, aprendí que todo es mejor si se enfrenta con disfrute y una sonrisa y que el destino no es lo importante sino el camino. Pero aunque mi cerebro lo entiende y disfruta, mi corazón a veces - más veces de las que me gusta admitir- se hunde y siente ahogarse en las decepciones y frustraciones.
Lo que tengo de perdida lo tengo de agradecida, ególatra insufrible que cree que el universo confabula a mi favor. Y es que sí, estoy súper perdida, no tengo claro pa' dónde ir ni qué quiero, no sé hacer planes ni ponerme metas. Pero mientras el camino ha sido bello, ha estado lleno de aventuras, cariños, paisajes, desbordado de risas y goce. No puedo evitar pensar que si ya lo hubiese tenido todo claro no hubiese podido vivir experiencias transmutadoras con personas que ni imaginé llegar a conocer, porque no lo estaba buscando. La verdad es que mientras más le doy vueltas al asunto, más me convenzo que esta histeria impuesta de tener metas de vida, de alcanzar metas que quizás ni son las tuyas, de seguir un camino y esta obsesión con el destino, es más nefasta y tóxica y no favorece a nadie. Cómo no voy a estar perdida, cómo voy a saber qué quiero si no he tenido tiempo para pensarme, para sentirme, arrastrada en esta ráfaga enferma de conseguir logros y coleccionar medallas, copas y títulos. ¿A qué hora somos? ¿O soy yo que soy muy lenta? ¿Qué pasa con todes les que van a otro ritmo, qué pasa con nosotres?


Les payases escogen el camino del fracaso, porque cuando fracasas se abren infinitas posibilidades de juego, un vasto océano de oportunidades. No estoy segura si yo decidí ser payasa o la payasa decidió ser yo. Lo que sí sé es que me queda tanto por aprender de mi yo payasa. Y qué bueno que sea así, qué bueno. Espero aprenderlo pronto, porque la realidad es que ya soy una fracasada, ahora necesito dejar de sufrírmelo y empezar a navegar por todas las alternativas que esa realidad me ofrece. 





Más a menudo que no, apenas floto, la ola me atrapa, me da vueltas y me tira en la orilla toda rasmillada y con el traje de baño dado vuelta. Otras veces logro nadar unos metros antes que se ponga a llover y empiece la tormenta. Pero hay veces que la mar está calma y tibiecita, entonces me tiró un chapuzón y me vuelvo sirena, qué buenas son esas veces, esas se atesoran, sobre todo porque son escasas.








No sé nada, lo que quiero es no estresarme más por no saber(me). A mí déjenme en mis nubes y ya está.





Y al universo siempre, sí gracias más por favor.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Sola y sóla no es lo mismo

¿Sabías que sólo me hago la fuerte?
Pero que se me escapan los recuerdos por las comisuras.
Es que con la soledad aparece tu fantasma.
Pero tranqui, que no es a ti a quien extraño, es la situación, incluso es a mí.
Y vuelve todo. Por todo me refiero a la maraña difusa con tu nombre, con tu olor, con tu sabor...
Si ya sé que fui yo la última en mandarte a la mierda, con sutileza para que no se notara que te estaba mandando a la mierda, pero los dos sabemos que esa era mi intención.
A estas alturas me pregunto si es que alguna vez vas a dejar de estar ahí, agazapado al fondo de mis párpados.
Cuando me siento sola es cuando más te gusta danzar en mi mente. Al menos ya no se revuelve nada. Al menos.
De esto quizás me arrepienta después, pero siempre está la opción de borrarlo. Te quiero ¿sabías? Ay de sólo escribirlo como que ya me arrepentí. Pero es cierto. Y tengo tanta -TANTA- curiosidad de tu vida. Muchas veces me pregunto que nos pasaría si nos topásemos. Si bien te recuerdo más a menudo de lo que me gusta reconocer, la verdad es que ya casi no tienes cara. Me da pena que te desvanezcas. Ya no sería los mismo ¿cierto? si nos topásemos. A veces pienso que me gustaría que pasara, para matar la curiosidad. Otras veces pienso que es mejor que no pase nunca, así sigue viva la fantasía romántica en que se transformó tu recuerdo, esa que esconde bien el dolor de cuando ya ni estabas y aún así te las arreglaste para hacerme más daño que en los 6 años -¿eran 6 o no?- que sí estuviste. Ya está todo perdonado, pero no olvidado y no sé si quiero olvidarlo. De hecho estoy segura que no quiero. Para tener más claro porque te mereces quedarte allá a la mierda donde te mandé.
La última vez que se me asomó el pasado me di cuenta que con más o menos daños de por medio nunca nos faltó el cariño y eso me dejó tranquila. Me di cuenta también que nunca te pedí perdón, aunque ni sé por qué tendría que pedirlo, yo creo que por eso nunca lo hice.
Siempre serás un lindo recuerdo, quizás por eso te repase una y otra vez sin importar cuántos años pasen. Debe ser porque nunca faltó el cariño, ni siquiera hoy.
Sé que dije que ya no escribía para tí, pero esta vez sí.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Terminar antes de empezar

Pronto se cumple un año de este viaje. Hermoso lugar en que mi amor propio se hizo patente, en que las experiencias ganadas me tienen el corazón tan feliz -incluso en esta bancarrota total y absoluta.
Y durante todo este año me he sorprendido -aunque no sé si esa sea la palabra correcta- explicando y repitiendo que no quiero relaciones serias con nadie... y aún así terminando en algo así como relaciones que nunca pedí.
Pero hoy, por primera vez, terminé con alguien que nunca empecé. Y fue extraño porque ¿cómo se termina algo que no es?
Fue incómodo, porque las circunstancias de la vida incluso nos tienen en diferentes coordenadas, sin más que mensajes y llamadas.
Y aquí estoy, entre confundida y con risa, todavía sintiendome rara. Pero sabiendo que nos debía esa honestidad brutal que nunca soy capaz de ver al principio porque me pierdo en mis fantasías, en el sentir. Me dejo llevar sin siquiera saber que siento y nunca paro a pensarlo, hasta que en algún punto la adrenalina pasa y queda la nada. Recién ahí habla el cerebro y aparece mi honestidad, siempre completa y brutal. Asique sí. Terminé, por teléfono una relación que nunca empezó. -Que triste suena eso...
Pero más allá del hecho en sí, lo que me llena la cabeza de preguntas es por qué termino en esas situaciones.
No tengo respuestas certeras la verdad -pa' variar- y no sé si en la vida sean las respuestas las que valen, más bien creo que son las preguntas.
Soy romántica, no importa cuánto me esfuerze por negarlo. Ahora sí, no confundir con mamona o cursi. Aunque también tengo un poco de eso.
Creo en el amor fervientemente. Y así me enamoro a cada rato con una facilidad increíble. Igual de fácil me desenamoro.
Me entrego -casi siempre inconcientemente- al momento y me dejo llevar por lo que sea que siento. Que sea la guata la que guíe mis pasos, siempre. Y por eso soy sincera e intensa.
Pienso poco, no me importan mucho los miedos, los reparos que aparecen cuando nos ponemos realistas. Me dan lo mismo los estándares y estatutos sociales.
Mi madre, sin quererlo, me crió irremediablemente romántica y revolucionaria. Ella misma me dijo más de una vez -a pito de algo q decían en una teleserie o de algo que leíamos- que da lo mismo cuánto se sufra, el amor siempre vale la pena.
Y así termino enredada en pseudo relaciones, siendo mirada intensamente en los ojos mientras me dicen que me aman y sin ser capaz de responder nada, porque me es imposible mentir.
Así termino en situaciones incómodas, dónde me piden explicaciones que ni quiero dar. Y no doy.
Pero la verdad es que no me arrepiento de nada. Porque loca y todo siempre he sido sincera. Y porque con los momentos medio amargos, cada experiencia ha sido magnífica y cada persona maravillosa.

Quién diría que algún día iba a andar de potoloco por el mundo. Jajajajajaja.

viernes, 22 de abril de 2016

Una vez y otra vez y otra más

Ahí iba con mi confianza reconstruida, con mi sonrisa abierta y el corazón ligero.
Ahí iba sin esperar nada ni pedir mucho.
Ahí iba simplemente dispuesta.
Y encontré sonrisas y las agradecí.
Pero me di cuenta que sí esperaba bastante aunque no pedía mucho.
Entonces aparecen y paf! me desarmo, me dudo, me escondo.
Será que pasaré la vida rearmandome, recogiéndome los pedazos.
Y a veces desear ser algo más y enojarme porque en realidad no quiero ser algo más,
quiero simplemente contentarme con esto que soy y que me ha costado trabajo construir.
Y mandar todo a la mierda porque estoy conmigo y que pena que no te sea suficiente,
pero sí me quiero, decidí quererme, esto soy, esto quiero ser.
Y que duela lo que tenga que doler y que sangre cuanto tenga que sangrar.
Tengo la sonrisa lista para sanarme. Para sanarme cuantas veces sea necesario.

domingo, 19 de julio de 2015

Amo a mis amigas, con peros y sin peros

Amo a mis amigas. Mujeres hermosas, mujeres geniales. Pero a veces, cuando nos reencontramos después del tiempo abismal que nos separa me siento un poco extraña. Al principio pensé que podría ser envidia, pero no, no era eso. Atrapada entre la nostalgia del antes, de cuando compartíamos secretos y nos cansábamos de nuestras rutinas compartidas. Y la bofetada que me da el ahora, yo aún a mitad de camino entre el nunca fue y el nunca será, ellas más bien parecen a paso seguro avanzando hacia el futuro prometido: la pareja, la casa, los hijos, la familia, la carrera… Y sí, comparé y por un momento pensé que era envidia, quizás de estar en algún lado mas no de estar en su lado. Pero no, nunca quise comprar el futuro prefabricado. Pero en algún lugar entre las fantasías, los sueños con los ojos abiertos, las nubes, las risas, los vuelos y el evadir, eterno evadir, se me perdió la seguridad y lancé la flecha sin mirar en que dirección, no la vio aterrizar si es que lo hizo.
Y así de fácil me volví a encontrar perdida, deseosa, de ese no sé qué, ansiosa, mañosa...
Amo a mis amigas, pero me sentí prepuber en fiesta de viejos. Como las primeras veces que empezamos a ir pubs de 'adulto-jovenes', o cuando cambiamos el carrete intenso por las oncecitas.
De repente fue como si los años sí me pesaran, como si esos números imaginarios tuviesen más sentido del que nunca tuvieron. Pero igual que siempre el tiempo sigue corriendo, girando y detrás voy yo corriendo, qué más da. Y sin querer sigo pensando lo que haré 'cuando grande'.



 

domingo, 8 de marzo de 2015

Me siento bien

Extraño empezar un nuevo año con este sentimiento.
Aceptación, de todo lo que me gusta y de lo que no me gusta de mi también.
Tranquilidad, que por primera vez viene de adentro.
Hipersensibilidad, estar feliz casi en euforia, estar triste casi deshaciéndose, estar enojada casi furiosa... Sintiéndolo todo más intensamente. Dejándome sentirlo todo.
Es extraño, me siento como mudando piel. Me siento como si no fuese yo y al mismo tiempo como si nunca antes hubiese sido más yo que ahora.
Mi locura sigue intacta y eso me ayuda a no desconocerme por completo. Esas ansias por salir gritando o corriendo sin previo aviso y sin motivo alguno.
Creo que al fin comienzo a disfrutarme. A disfrutar mis sonrisas y mis lágrimas. A disfrutar mis palabras inconexas. A disfrutar mis silencios por primera vez. A disfrutar mis saberes y mi ignorancia.
Es de verdad súper rara esta autoaceptación -que aunque no sea completa es algo importante- y esta paz interna. Raro, muy raro, pero se siente bien.
Y me da curiosidad absoluta saber cómo seguirá, pero si algo he aprendido últimamente es a dejar fluir. Asíque que fluya y que se multiplique.






yesthankyoummoreplease